Escrita en 1898, estamos ante un libro
de referencia en las llamadas historias de fantasmas y como tal, no
podían faltar sobresaltos, secretos y unas dosis de inquietantes y
sorprendentes apariciones que suscitará en el lector mas de un
susto, por muy avisado que esté.
El autor al igual que en libros
anteriores maneja de una manera muy diestra las cuotas de información
y su planteamiento, y así lo que en un principio percibías como
algo diáfano, en el transcurso de su lectura te puede parecer todo
lo contrario. No solamente eso, sino que con ese proceder te induce
de una manera calculada a aceptar como buenos todas sus tacitas
propuestas, creo que no deja nada a la improvisación, todos sus
adjetivos, silencios, vacilaciones son deliberadas, creando
un universo magistral que solo él puede permitirse.
El libro nos narra la historia de una
chica que es aceptada como Institutriz para la educación de dos
niños. El tío oficialmente es el tutor debido a la muerte de sus
progenitores, pero dejará en manos de ella todas las obligaciones
para conseguir ese fin e incluso exige como premisa para la
aceptación del cargo, que no se le moleste bajo ningún concepto.
Una vez que toma posesión y llega a la
mansión de Bly donde tiene que realizar sus funciones y con el
convencimiento por parte del lector que existe un afecto más
profundo que el de patrono y empleada pese haberse visto solo en dos
ocasiones, comienza a conocer al servicio y principalmente a Grose,
la ama de llaves que en todo momento estará a su lado y que se
convertirá en su confidente.
Cuando entran en escena los hijos Miles
y Flora (principalmente el hijo), expulsado de un colegio por su
conducta inadecuada, es cuando comienza el juego psicológico de
recrearse con los distintos posicionamientos del lector, pues si bien
el punto de vista en todo momento es el de la Institutriz, dando por
cierto todas sus aseveraciones (evidentemente), crea un aura de
turbación en torno a los niños, como si de cómplices necesarios se
tratase, todo ello aderezado con la supuesta ingenuidad de la ama de
llaves.
No sabes de una manera cierta si las
apariciones solo las ve ella, como fue la relación de los niños con
su anterior cuidadora y empleado, si Grose cuenta todo lo que sabe de
un pasado que le cuesta asumir, si ese supuesto amor que siente por
el Señor le hace no contarle nada y concederse responsabilidades que
no la corresponden, que las apariciones solo son producto de su
imaginación y por último y a modo de resumen de los supuestos
anteriores, si le viene grande el puesto.
Al leer el libro recomiendo que
tratándose de Henry James, se tenga en cuenta hasta lo más nimio, te
facilitarán pistas que en otros no sucede, y si se puede, realizar
una segunda lectura. Seguro que, aún siendo pequeña la novela en
extensión, te encuentras algún apunte que en un principio se te
pasó por alto.

No dejen de leer el libro, hagan hueco
para él y si puede ser de noche... mejor.
Mi puntuación es de 8 sobre 10.
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