martes, 22 de noviembre de 2016

El custodio (Anthony Trollope) (ALFAGUARA)

Escrito en 1855 por Anthony Trollope, se trata de un libro que va mas allá de la historia que nos describe. Plantea una serie de situaciones, donde la conciencia y el saber en todo momento que se obra con probidad, se antepone a todas las normas y subterfugios legales, que si bien se integran en un ordenamiento jurídico consagrado, no forman parte de una reflexión profunda acerca de si se actúa de una manera fidedigna a las estipulaciones de un testamento, transcrito para cubrir las necesidades de personas mayores necesitadas. “hay una persona que lo pone en duda…, el más importante de todos los testigos en mi contra…, yo mismo lo pongo en duda.

Nos cuenta como el reverendo Harding, chantre de Barchester, viudo, con dos hijas y custodio de un asilo donde residen doce ancianos sin recursos, se ve envuelto en una batalla legal, por ver si los emolumentos que recibe son los que en verdad le corresponden. Al demandante, que también nos lo esboza como un hombre integro, que salvaguarda los derechos de los ciudadanos, le guía en todo momento hacer justicia de algo, que de una manera u otra repercute en el bien común y sobre todo en el futuro de los ocupantes de la residencia. Habiendo intereses personales por medio (una hija esta casada con el arcediano que es el superior del custodio, y el impulsor de la demanda, John Bold, es el prometido de la otra), poco importará que prosiga o no el pleito que inició, pues lo relevante para Harding es si su situación es honesta y se ajusta a derecho. De tal magnitud es esa pugna interna, que le hace plantearse dimitir y volver a su destino original en caso de demostrarse su mala praxis. —Pero si esos ingresos no me pertenecen en justicia, ¿qué hay de malo en que los dos tengamos que vivir de la caridad? —dijo finalmente el custodio

Nos muestra de una manera diáfana, el poder omnímodo de la prensa (a lo Ciudadano Kane). Se puede convertir en juez y parte de la causas que apadrina, siendo instigadora y cómplice para declinar sentencias según sus pretensiones. Así en el caso que nos ocupa, un ataque tremendo e inusitado hacia nuestro protagonista y por ende a toda la iglesia, que en extremo es la verdadera destinataria del aluvión de ataques.Dicen que el Júpiter vende diariamente ochenta mil ejemplares, y que cada uno de ellos lo leen por lo menos cinco personas. Cuatrocientos mil lectores, por consiguiente, tendrían noticia de la acusación lanzada contra él;” “El Júpiter es en Inglaterra lo que el zar en Rusia o el populacho en América

Si alguien por leer lo anterior se piensa que es un libro denso y aburrido, que se le quite de la cabeza. Es muy buen libro, entretenido, ágil, el escritor se permite el lujo de hablar con el lector lo que hace que te metas más en la trama, de una calidad incuestionable, unos perfiles muy cuidados, descripciones fehacientes de la época y con un amplio y excelente sentido del humor, que te hace desear retomar su lectura y seguir disfrutando.—y le obsequió con una espantosa sonrisa, que puso plenamente de manifiesto la extensión de sus desdichas” “Nunca discutía con su esposa, pero tampoco conversaba con ella”Aunque regentaba una casa de comidas donde se servían crustáceos, la mujer era muy cortés y le explicó cómo llegar a un salón de fumadores” “distribuiría todos los diezmos entre metodistas, bautistas y otras tribus salvajes;

Me gustaría destacar la actitud de los ancianos como pretexto para poner de manifiesto la codicia connatural al genero humano. Las condiciones de los doce asilados es perfecta, gozan de todas las comodidades, un suplemento adicional además del asignado y un trato mas que afectuoso (todos fueron acogidos por encontrarse en situaciones desesperadas). Al iniciarse el litigio les comentan, estando muchos de ellos a las puertas de sus últimos días, la posibilidad de obtener pingues beneficios a costa de firmar en contra del responsable de la Institución, aún reconociendo el trato exquisito del que han sido objeto. Todos menos uno firman esa reclamación manipulada por los leguleyos (los únicos que se lucran de esta interpelación) con aviesas intenciones, que a la postre se convertirá en un quebranto para ellos. Nunca hay que esperar demasiado de la carne y de la sangre, ni siquiera en el caso de los asilados de John Hiram; y la promesa firme de cien libras al año por cabeza había hecho mella en la mayoría.

Hay que tener en cuenta este nombre para futuras lecturas.

Mi puntuación es de 7,5 sobre 10.


Joseph Pulitzer

«El periodista tiene una posición que es toda suya. Solo él tiene el privilegio de moldear la opinión, tocando los corazones y apelando a la razón de cientos de miles cada día. He aquí la más fascinante de todas las profesiones»